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En el centro de cualquier comunidad inteligente debería haber siempre una pregunta fundamental: ¿para quién construimos?

Y si miramos las pirámides poblacionales de América Latina, la respuesta es clara: estamos envejeciendo.

La base: conectividad que llega a todos

Para que un adulto mayor pueda beneficiarse de la tecnología, primero tiene que tener acceso a ella. Parece obvio, pero no lo es.

En Claro Empresas trabajamos para llevar conectividad a todos los rincones, incluyendo zonas rurales y periurbanas donde suelen concentrarse poblaciones envejecidas. Esa capa básica es la que permite el resto.

El desafío demográfico

Según proyecciones de Naciones Unidas, para 2050 la población mayor de 60 años en la región se triplicará. Esto no es un dato menor. Implica repensar absolutamente todo: vivienda, movilidad, espacios públicos, servicios de salud.

El problema es que nuestras ciudades hoy están diseñadas para personas jóvenes, activas, sin limitaciones de movilidad. Y eso excluye a una parte creciente de la población.

Tecnología con propósito

Aquí la tecnología puede marcar una diferencia enorme. No hablo de dispositivos sofisticados, sino de soluciones concretas que integran múltiples capacidades:

  • Semáforos con tiempos peatonales más largos en zonas de alta concentración de mayores, gestionados por plataformas de movilidad
  • Bancos inteligentes, equipados con sensores, que avisan a servicios sociales si una persona permanece mucho tiempo sin moverse
  • Botones de pánico en paradas de transporte, conectados a centrales de monitoreo
  • Recordatorios de medicación integrados en pantallas comunitarias
  • Teleasistencia conectada con centros de salud a través de redes dedicadas

Plataformas de integración para el cuidado

Detrás de estas soluciones hay trabajo fino de desarrollo de integraciones. Un botón de pánico no sirve de nada si no está conectado con quien debe recibir la alerta. Un sensor en un banco no ayuda si nadie procesa su información.

Las plataformas que desarrollamos en HITSS permiten que todos estos dispositivos conversen entre sí y con los centros de atención, creando una red de cuidado alrededor de las personas mayores.

El diseño universal como principio

Una ciudad que cuida a sus mayores no necesita productos especiales. Necesita diseño universal.

Esto significa que las soluciones pensadas para ellos terminan beneficiando a todos. Una rampa no es solo para sillas de ruedas: también ayuda a padres con cochecitos, repartidores con cargas, jóvenes con lesiones temporales.

En los proyectos que desarrollamos, impulsamos este enfoque. Cuando trabajamos con municipios en iluminación inteligente o plataformas de participación ciudadana, preguntamos: ¿esto lo puede usar una persona de 80 años? Si la respuesta es no, volvemos a diseñar.

Conectividad que incluye

La brecha digital es especialmente cruel con los mayores. Por eso, la infraestructura de conectividad que desplegamos no es solo un tema técnico. Es una herramienta de inclusión.

Porque un adulto mayor con acceso a internet puede:

  • Hacer trámites sin desplazarse
  • Videollamar a sus familiares
  • Recibir alertas de salud
  • Participar en actividades virtuales de su centro comunitario

Hacia 2030: envejecimiento activo asistido por IA

La próxima década traerá avances significativos en lo que algunos llaman "envejecimiento aumentado" Asistentes personales de IA, entrenados específicamente para acompañar a personas mayores, podrán recordar medicaciones, detectar cambios de humor o patrones de comportamiento que indiquen deterioro cognitivo, y mantener a la familia informada con la privacidad adecuada.

Estos asistentes no reemplazarán el contacto humano, pero permitirán que las personas mayores vivan independientes por más tiempo, retrasando o evitando institucionalizaciones.

El desafío será diseñarlos con la sensibilidad necesaria, asegurando que sean ayudantes discretos, no vigilantes intrusivos.

Conclusión: el índice real de inteligencia

Hace poco leí una frase que me quedó grabada: "Una sociedad se mide por cómo trata a sus mayores".

Aplicado a las ciudades, podríamos decir: una comunidad es realmente inteligente cuando sus mayores pueden vivir en ella con dignidad, autonomía y seguridad.

La tecnología es solo una herramienta. Pero bien usada, puede ayudarnos a construir exactamente eso.

Ezequiel Bianucci,

bianuccie@hitss.com

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